martes, 4 de febrero de 2014

Dulce introducción a mi caos


Me encantaría que todos y cada uno de mis días
pudieras intuirme en vez de verme,
como haces cuando te ríes.

Odio no saber dormir acompañada, si no es contigo,
para que me atrapes en tus brazos
y no me sueltes hasta que hayan pasado varios fines del mundo.
Del mismo modo que extraño tener tus pestañas acariciando mis mejillas
perfectamente sincronizadas con tu respiración intermitente,
mientras siento cómo el pulso se te dispara sin control.

No me juzgues si te llamo obstáculo.
Eres mi "Katrina" particular
que llegó arrasando como Atila y dejó temblando mis pilares.
Y sin embargo,
transitando del negro al blanco,
me gusta tanto lo que construimos ahora juntos.
Pero al mismo tiempo
me asusta el abrazarte y poder sentir mas de la cuenta.
Me provoca pánico.
Como la posibilidad de acabar encerrados en un ascensor
subiendo pisos al compás de tus manos bajando hasta donde empieza el Edén.

Qué más quieres que te cuente,
si a veces me siento un títere
al arbitrio de las cuerdas de lo irracional,
frenada por el deseo de crear una banda sonora contigo
y no una única canción
que no sea lo bastante buena y quede en el olvido.

Así que sube el volumen
para cubrir los disparates,
que los silencios a buen puerto no nos han de llevar.



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