domingo, 29 de diciembre de 2013

Amuletos

Medir la amistad en botellines de cerveza descorchados
o en tardes de resaca compartidas.
En silencios cómodos
y en cafés a las 4 de la tarde.
En llamadas inesperadas
o en reencuentros ansiados.
En persianas de bares cerrados
y en puertas abiertas de taxis de madrugada.
En estirones de sábanas de camas demasiado pequeñas
o en desayunos plagados de legañas.
En abrazos cálidos por encima del orgullo
y en frías noches de terraza debajo de algún calefactor.

No medir el volumen de la risa
ni el tacto de las palabras.
Echar de menos
pero ojo, nunca de más.
Aprender a leer miradas
y a designar olores.
Derramar unas pocas lágrimas
o algún que otro vaso con el que brindar.

Ser uno mismo,
qué digo..
ser mejor aún.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Cambios (Transición III)

¿Sabes?
Te ha sentado bien el paso del tiempo.
Sonrisa de niña traviesa como antaño,
pero estos años no te han dejado indiferente.

Un aura más gruesa te rodea
y montada en una burbuja
no hay intención que pueda herirte.

Me produce curiosidad qué te ha hecho cambiar tanto,
aunque mantengas tus gestos y muecas,
y me alegro,
porque no me canso de mirarlos.

Me gusta la sinceridad de tus expresiones,
saber que nunca mientes cuando te ríes.
Me da seguridad, me hace sentir como en casa,
aunque estemos en el sitio más inhóspito del planeta.

Podría esquivar el silencio contigo
buscando todos los porqués
que obsesionadamente necesitas saber,
dejándome corregir las faltas de ortografía
y las conjugaciones a las que nadie presta atención.

Tus abrazos tampoco han cambiado,
incluso ahora transfieren más sensaciones.

Me alegro de volver a verte. 


Mucho.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Tic-tac (Transición II)

Con una cerveza en la mano
las cosas se ven de otra manera bien distinta.
Con dos ya ni te cuento,
y si no puedo ya contarlas no sé si veo o sueño.

Te intuyo a través de la fina línea que dejan mis ojos
cuando me río de verdad, cuando no me cuesta,
cuando disfruto del momento.
Las preocupaciones se disipan entre el humo que inunda la habitación
y vuelan, vuelan hasta desaparecer a un universo paralelo
en el que la gente le da demasiada importancia a las cosas.

Hace mucho que dejé de visitar esos lugares grises
en los que la felicidad brilla por su ausencia,
y en los que lo que prima es la rutina, lo corriente,
aquello a lo que nos acostumbramos por inercia más que por voluntad.

Sin embargo ahora me pegaría horas, minutos y segundos,
mirando todas y cada una de las burbujitas
que se van formando en la capa de espuma que bordea el vaso.

¡Qué tontería!- me dirás tú,
que no eres capaz de salir de tus lunes de agobio,
de tus miércoles de caja tonta
o de tus fines de semana de siesta en el sofá. 

Yo me emociono con los ojos sorprendidos y los primeros pasos
de los niños que curiosean el mundo que tienen aún por descubrir,
con la sonrisa de agradecimiento de un anciano
que recibe una visita de  unos oídos dispuestos a la escucha,
con el abrazo de una pareja
que se reencuentra en una estación de autobús,
con el sonido de las olas
cuando rompen en la orilla de madrugada,
con las fotos que me teletransportan
a momentos únicos del pasado,
o con el mero hecho de encontrar un sitio para aparcar.

Por eso brindo por mí,
y por ti,
para que algún día
seas capaz de sentir emociones
más allá de las que les vienen de serie
a los ciudadanos ocupados de hoy en día.

Porque la vida puede ser maravillosa,
y no te estás dando cuenta,

pero la tuya se está esfumando.

martes, 10 de diciembre de 2013

Lléname la copa de sinsentidos (Transición I)

Me acerqué tambaleándome como pude
le miré y le dije:
"lléname la copa de sinsentidos",
cuéntame historias de amores de barra fallidos
y otras muchas con final feliz.

Dime que hoy vas a cambiar mis miras,
que vas a arrollar mis fuertes razones y coherencias.
Sírveme aquello que no le has contado a nadie,
pero que esta noche me lo vas a relatar
porque mis oídos necesitan que los deleites con mil tonterías.

Atrévete a negarme que ese maniquí a mi izquierda
oculta su infelicidad tras una capa de maquillaje
y ahoga sus frustraciones en un vaso,
nadando en aguas de sábanas ajenas.

Enséñame a hacer bolas de papel con los amores civilizados
para lanzarlos a la papelera,
y abrir paso a nuevos principios
de los cuales no veas el final.

Anímame a dejar salir mis mejores sonrisas
y a jubilar mis caras de asco.
Véndeme un mundo multicolor
con miles de matices que pueda moldear a mi gusto.

Ayúdame a engañar a ese tío a mi derecha,
mientras tú inventas otra historia que la cabeza me haga perder.
Enséñame a malinterpretar las proposiciones decentes
y a saber recibir las indecentes sin miradas que fulminen.

Dime que cada día es un nuevo capítulo por escribir,
y que puedo inventarme todo lo que quiera
porque mis derechos de autor son solo míos.
Cómprame con poesía que endulce mis pensamientos.

Y después hazlos volar,
sin que el azúcar de la copa que preparas
me inhiba los (sin)sentidos.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Instantáneas

Papel frente a pantalla,
claridad versus oscuridad,
color o escala de grises,
nitidez... quizás opacidad.
Pero todas y cada una distintas.

Diferencias abismales
o cuestión de milésimas de segundo.
El intervalo entre "clicks" las hace especiales
y recuerda que ese instante
ya no va a volver.

Sería inútil el intento de réplica estricta
porque la exactitud del momento
es imposible de clavar
y eso, 
eso las hace tan únicas.

Imágenes grabadas en retinas
que pueden evocar desde un amanecer de primavera
hasta un atardecer de verano, 
pasando por una extensa gama de canciones 
que ponen banda sonora a los momentos inmortalizados.

Personas, lugares, paisajes,
¿Quién dijo que viajar era un placer caro?
Ellas te conceden una asombrosa rapidez
que ningún medio de transporte o cometa del cielo
ha conseguido alcanzar.

Pasar de palpar el calor de un día de playa
al gélido tacto de la nieve.
Disfrutar del olor del mar y del sonido de sus olas,
o vivir el silencio y frescor de la hierba en un día de campo.
Notar en los labios el sabor de un café
o la intensidad de un primer beso.
Sentir muy de cerca la risa 
o la esencia de quien está a kilómetros.

Por el módico precio de tus recuerdos,
todo lo que logres rememorar
es tuyo y sólo tuyo
y la fecha de caducidad solo depende de ti.
¿Qué más se puede pedir?



Revelar es como pescar. 
Pescar sabiendo que atraparás 
algo que tú mismo creaste.

Albert Espinosa

martes, 3 de diciembre de 2013

Gélido diciembre

Hoy es día frío,
y no porque sea diciembre, ni Pamplona,
sino porque nos falla el calor de tus abrazos.
Se echan en falta.

Como los decibelios de tu risa, 
como los besos fuertes en las mejillas,
como tus exquisitos platos,
como tus historias de cuando eras niña, 
en fin, 
como tu ireemplazable compañía.


Inútil

No me importa
que no sepas que prefiero el azul al resto de colores de la gama
ni que me echo la colonia primero en las muñecas y luego detrás de las orejas, 
ni que bebo el café con muy poco azúcar. 

Tampoco pasa nada si desconoces 
que en las noches más tranquilas escucho Sabina hasta que me atrapa el sueño, 
que a todos los momentos les pongo involuntariamente una banda sonora 
o que me encanta que sea mi cumpleaños.

Jamás te he explicado qué es lo que siento 
cuando me quedo embobada disfrutando del sonido y la inmensidad del mar, 
cuando me río hasta que saltan las lágrimas 
o cuando algo en lo que he trabajado con énfasis sale redondo. 

Menos aún me molesta que ignores

que de niña escribía diarios que releo con nostalgia, 
que antepongo unas cervezas espontáneas con un buen amigo a una noche de fiesta loca 
o que soy de esas a las que les gusta caminar de la mano por la calle.

¿Sabes qué es lo que de veras me interesa? 
Lo que sí me interesa que aprendas es
que el cuello es un infalible para hacerme vibrar, 
que conmigo no vale ni dulce ni salvaje, sino que son actitudes paralelas que hay que alternar, 
que odio los besos castos sin ganas, 
que hay que trabajar por encontrar mis puntos clave, 
que me gusta que me miren a los ojos fijamente, 
que no me conformo precisamente con poco 
o que adoro que me susurren al oído. 

Y con eso me basta
y hasta me sobra.

La cima no significa nada, la pared todo

Dicen,
que todo con perseverancia se consigue
o que quien quiere algo, algo le cuesta,
y el tiempo me ha demostrado muchas veces que sí.
Pero otras tantas,
el destino nos saca el dedo corazón
(sin saber a cuento de qué)
justo cuanto más peleamos por algo.

También dicen,
que es inevitable perder de vez en cuando
y que el punto está en no acostumbrarse,
en no habituarse a las derrotas.
Sin embargo,
cuando las derrotas se equiparan a las victorias
o incluso inclinan la balanza hacia el lado de las pérdidas,
nos rebotamos contra el mundo.

Hay tantos típicos tópicos
y tantas frases de autoayuda
como queramos escuchar y más,
pero las ganas de aplicarlos
también acaban encontrando su límite.

Y ese horizonte que parecía inalcanzable,
puede llevarte a un precipicio
que para ascenderlo,
requiere más que unas buenas deportivas
un kit completo de escalada.

Así que aprieta fuerte los arneses,
no vaya a ser, que además de no subir
sigas descendiendo.
Porque lo peor de ir a escalar sólo
es que nadie te puede ayudar si resbalas.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Presentaciones

Me gusta leer. Reír, adoro reír. Estar con mi familia. Hacer feliz a alguien. Mis amigos. Me encanta celebrar los cumpleaños de los demás, pero sobre todo el mío. Las sorpresas. Quedarme dormida escuchando a alguien respirar. Escribir. Caminar de la mano de alguien. Estar fuera de casa. Querer. Disfruto con la primeras cerezas del verano. Me fascinan los paisajes especiales. Recibir un cumplido inesperado. Tener un ataque de risa. Encontrar dinero en los bolsillos de la ropa. Hacer que alguien sonría. Me gusta cuando digo algo simultáneamente con otra persona. Sentir un olor familiar. La sensación que obtengo cuando una idea funciona. Sentir las sábanas limpias. Dibujar en los cristales empañados de los coches.

Soñar, adoro soñar, creo que nací soñando. Me encantan los abrazos, sobre todo cuando descubren que los necesito. Las conversaciones sobre cosas pequeñas, pero importantes. La música. Me fascina la dulzura de los momentos en los que se comparten sentimientos. Los chistes. El desorden dentro de mi orden. Me divierte cocinar, aunque a mi manera. Bailar. Hacerme la dormida mientras sé que alguien me mira. Viajar. Aprender. Que me miren y sonrían. Hacer muecas en cualquier espejo. Mi nombre. Los chicles de menta. Los atardeceres con una tonalidad rosa. Que me miren a los ojos. Mirar a los ojos. La sonrisa sincera de un niño. La luna cuando sale de día. Me gusta desahogarme. El café. Pensar antes de actuar. Actuar sin pensar. Recordar viejas historias con la familia o amigos. Psicoanalizar. Los idiomas. Poder pedir perdón a tiempo. Hacer cosquillas. Me embelesan los diálogos de las películas de amor. El cielo cuando es completamente azul y sin nubes. Besar. El calor de la piel. Me seducen los hombres que huelen bien. Los ojos verdes. Las pieles morenas. Recibir llamadas imprevistas. Conducir. Pisar las hojas secas de los árboles y escucharlas crujir. Italia. Cantar a todas horas. Hacer canciones con cualquier palabra.

Me gusta tener la razón cuando todo el mundo me dice que no. Los secretos. Que me deseen los buenos días. El eco. El ruido de los tacones contra el suelo. El chocolate. Amanecer en la playa. Recordar momentos pasados. Francia. Me gusta acentuar cuando escribo. El ginkas. Fijarme en los detalles. La buena cerveza. La cerveza en buena compañía. Pintarme los labios. Me fascinan los Ferrero Rocher. Ver nevar. El casco viejo de Pamplona. Que me acaricien en la espalda. Ver películas con mensaje. Saber que tengo una familia admirable. Me atrae descubrir que detrás de un cuerpo hay una mente que vale la pena conocer. Aquellos que hablan sin pelos en la lengua. La gente que se fija en los detalles. Los finales sorprendentes.

Pasear, me encanta pasear descalza por la playa, sobre todo si es de noche, y notar la arena fría en los pies. La magia de los reencuentros. El Derecho. Guardar frases de películas o libros. El número 3. Poner obsesionadamente las comas donde van. Admiro a Sabina. Me agrada escuchar voces que echo de menos. Que me entiendan, y poder entender. Saber que mi madre está bien.  Leer viejos diarios. Cuando me río por todo. Las rebajas. Hablar sin parar. Escuchar. Lavarme la cara. Levantarme pronto. Hablar por teléfono. Hacer locuras. Acostarme tarde. Fotografiar. Acordarme de algo que nadie recuerda. 

Me encanta terminar todo lo que empiezo, aunque a veces sea tarde.