Te ha
sentado bien el paso del tiempo.
Sonrisa
de niña traviesa como antaño,
pero
estos años no te han dejado indiferente.
Un
aura más gruesa te rodea
y
montada en una burbuja
no hay intención que pueda herirte.
Me
produce curiosidad qué te ha hecho cambiar tanto,
aunque
mantengas tus gestos y muecas,
y me
alegro,
porque
no me canso de mirarlos.
Me
gusta la sinceridad de tus expresiones,
saber
que nunca mientes cuando te ríes.
Me
da seguridad, me hace sentir como en casa,
aunque
estemos en el sitio más inhóspito del planeta.
Podría esquivar
el silencio contigo
buscando
todos los porqués
que
obsesionadamente necesitas saber,
dejándome
corregir las faltas de ortografía
y las conjugaciones
a las que nadie presta atención.
Tus
abrazos tampoco han cambiado,
incluso
ahora transfieren más sensaciones.
Me alegro
de volver a verte.
Mucho.
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