o en tardes de resaca compartidas.
En silencios cómodos
y en cafés a las 4 de la tarde.
En llamadas inesperadas
o en reencuentros ansiados.
En persianas de bares cerrados
y en puertas abiertas de taxis de madrugada.
En estirones de sábanas de camas demasiado pequeñas
o en desayunos plagados de legañas.
En abrazos cálidos por encima del orgullo
y en frías noches de terraza debajo de algún calefactor.
No medir el volumen de la risa
ni el tacto de las palabras.
Echar de menos
pero ojo, nunca de más.
Aprender a leer miradas
y a designar olores.
Derramar unas pocas lágrimas
o algún que otro vaso con el que brindar.Ser uno mismo,
qué digo..
ser mejor aún.
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