jueves, 12 de diciembre de 2013

Tic-tac (Transición II)

Con una cerveza en la mano
las cosas se ven de otra manera bien distinta.
Con dos ya ni te cuento,
y si no puedo ya contarlas no sé si veo o sueño.

Te intuyo a través de la fina línea que dejan mis ojos
cuando me río de verdad, cuando no me cuesta,
cuando disfruto del momento.
Las preocupaciones se disipan entre el humo que inunda la habitación
y vuelan, vuelan hasta desaparecer a un universo paralelo
en el que la gente le da demasiada importancia a las cosas.

Hace mucho que dejé de visitar esos lugares grises
en los que la felicidad brilla por su ausencia,
y en los que lo que prima es la rutina, lo corriente,
aquello a lo que nos acostumbramos por inercia más que por voluntad.

Sin embargo ahora me pegaría horas, minutos y segundos,
mirando todas y cada una de las burbujitas
que se van formando en la capa de espuma que bordea el vaso.

¡Qué tontería!- me dirás tú,
que no eres capaz de salir de tus lunes de agobio,
de tus miércoles de caja tonta
o de tus fines de semana de siesta en el sofá. 

Yo me emociono con los ojos sorprendidos y los primeros pasos
de los niños que curiosean el mundo que tienen aún por descubrir,
con la sonrisa de agradecimiento de un anciano
que recibe una visita de  unos oídos dispuestos a la escucha,
con el abrazo de una pareja
que se reencuentra en una estación de autobús,
con el sonido de las olas
cuando rompen en la orilla de madrugada,
con las fotos que me teletransportan
a momentos únicos del pasado,
o con el mero hecho de encontrar un sitio para aparcar.

Por eso brindo por mí,
y por ti,
para que algún día
seas capaz de sentir emociones
más allá de las que les vienen de serie
a los ciudadanos ocupados de hoy en día.

Porque la vida puede ser maravillosa,
y no te estás dando cuenta,

pero la tuya se está esfumando.

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